Cuando observo estos últimos 15 años de nuestra aventura musical no puedo evitar contemplar el interesante y constante juego de oposiciones en el que nuestra obra ha encontrado su razón de ser. Podríamos escribir líneas infinitas y redundantes sobre lo etéreo y lo lírico que ha sido inherente a toda la obra de Silvania, pero de esa manera creo que nos quedaríamos con solo una parte de la perspectiva integral. Hay muchos aspectos circunstanciales que marcaron el devenir de Silvania. Circunstancias y momentos que hicieron que Mario y Yo diésemos giros sobre nuestro propio lenguaje y que hicieron que para nosotros la música fuera también expresión y opinión crítica sobre el momento musical que nos tocaba. Así durante toda nuestra trayectoria nos fuimos posicionando creativamente frente a las modas musicales y corrientes vitales, redefiniéndonos y reinventándonos constantemente.

Silvania no era una guitarra o un secuenciador. Silvania era un modo, una sensación, un idioma de sonido que hacía que el pop clásico y la vanguardia mas abstracta se entendieran y se influenciaran mutuamente.

Lo importante para nosotros era preservar esa esencia que debía moverse y mutar sobre si misma para mantenerse viva:

“mantén tus sueños ardiendo para siempre”

 Cronología:

 La situación a final de los 80s  era tal que para Mario y para mi Silvana era nuestra manera de existir, de opinar. No lo era de sobrevivir o respirar, al principio teníamos los típicos humillantes trabajos de subsistencia, y no fue hasta que vinimos a Madrid en 1995, cuando empezamos a vivir de la música.

1990. Fascinados con la psicodelia y el pop, consumíamos discos de  Seeds, Left Banke, Chocolate Watchband como auténticos fanáticos, pero también a  My Bloody Valentine y Spacemen 3, justo cuando en ese momento empezábamos a hacer música en serio  y también cuando empezábamos a ver con cierto horror, lo que  nuestros contemporáneos hacían con las mismas influencias. Nos quedábamos alucinados porque mientras nosotros cogíamos la esencia experimental de la psicodelia con unos teclados, cajas de ritmo y guitarras con pedales de efectos los demás grupos de la escena española de ese momento no salían de un sonido “rockero” derivativo, mediocre e impreciso, entre el revival 60s y el grunge mas vulgar.

 1991. Nuestras composiciones repetitivas sonaban demasiado frágiles y quebradizas al lado de cualquier grupo de entonces. Melodías lejanas y evoluciones sin fin sobre el sonido.

Para nosotros era pop, para algunos críticos era ambient.

1992.  Nos opusimos con toda la delicadeza y poesía, heredada de Brian Eno, Cocteau Twins y 4AD, al evidente carácter Grunge de la escena noise pop española. Lo nuestro no era Nirvana y ni siquiera Sonic Youth. No nos interesaba el ruido “feo” de la distorsión, lo que nos interesaba lograr un “mar de sonido”. “En Cielo de Océano”

1994. Nos opusimos al sonido de guitarras distorsionadas y melodías susurradas que eran el no va más en el recién asentada escena Indie española. Deshicimos el formato de banda y nos dedicamos a explorar en la tecnología, mucho mas abiertamente que antes.

Canciones compuestas solo con secuencias y gira española con con caja de ritmo, bajo  secuenciado  y violoncello. “Amor Imposible” de los Belkings era la favorita de esos conciertos. “Paisaje 3”

1995.  Nos opusimos a la hegemonía de las guitarras, ya totalmente enamorados de la nueva  música electrónica y justo cuando estábamos en la cresta del indie español.  Decidimos hacer solo música y paisajes con sintetizadores y secuenciadores. “Delay Tambor”

1996. Nos opusimos a la estética electro-numérica de WARP, nos dejábamos llevar por texturas y sonoridades. Por la “tactilidad del sonido” por el aroma y la sugerencia. Inexacto, Intuitivo, melódico y totalmente opuesto a lo mental. Garabatos en la portada de Juniperfin en vez de códigos matemáticos. Ruidos de radio. “Juniperfin”  fué grabado en directo en el estudio.

1998. Nos opusimos al techno cuando este se pretendía como una revolución anti tradición, cuando se vendía como una ruptura con el pop del pasado y lo no tecnológico. Nosotros decidimos recuperar nuestra herencia de pop clásico, sampleos de Beach Boys y estructuración pop en “Naves sin Puertos”. Suaves ecos dub en vez de ritmos angulosos y rotos.

1999. Nos opusimos a la sonoridad prominente, excesivamente brillante y crujiente de la música digital, nuestras producciones buscaron un sonido leve, influenciados por “music for airports” de Eno, intentábamos colorear el aire sin obligar a una escucha atenta. Electronic Listening “Campo de Espirales / Arboles / Secuencias posibles “

2000. Fin de Silvania. Nace Ciëlo